Síndrome o hematoma de Morel-Lavallée

El síndrome de Morel-Lavallée, es una afectación de tejidos blandos, es una acumulación de líquido entre tejido subcutáneo y fascia profunda.

¿Cómo se produce el síndrome de Morel-Lavallée?

El hematoma de Morel-Lavallée, síndrome, lesión o seroma con el mismo nombre es una patología normalmente de origen traumático por un golpe o caída.

Debido al fuerte golpe o traumatismo, se produce una extravasación de líquido (no confundir con una hernia o cualquier otro tipo de migración de líquido) a un compartimento o área que no le corresponde.

En el caso del síndrome de Morel-Lavallée, sangre procedente de arterias y venas que se rompen por el traumatismo se depositan entre la fascia muscular y el tejido subcutáneo.

En cualquier hematoma siempre existe una rotura de vasos (arterias y venas) y como consecuencia de la misma, se puede ver como se produce una inflamación del área afectada, con cambio de coloración, normalmente entre rojo y morado.

El hematoma normalmente alcanza los tejidos superficiales debido a que la presión lo expulsa hacia fuera y puede penetrar o “colarse” entre las células de la piel que irán poco a poco reabsorbiendo el líquido a través de los capilares, venas y linfa.

Sin embargo, pueden darse casos en los que el hematoma o líquido quede atrapado entre dos estructuras como es el seroma de Morel-Lavallée.

En este caso el líquido queda atrapado, pudiendo cristalizarse o coagularse, formado una masa sólida o semisólida que no podrá reabsorberse.

Estos casos acaban en quirófano, drenando este líquido cristalizado o sólido para evitar otro tipo de complicaciones.

El seroma de Morel-Lavallée suele darse en la zona del trocánter de la cadera como consecuencia de una caída con moto o bici, normalmente el vehículo cae encima impactando todo el peso en la zona del trocánter que contacta con el suelo.

También puede darse en cualquier región anatómica normalmente previo a fuerte traumatismo y ninguna rotura ósea ni muscular ni tendinosa.

La cantidad de líquido varia dependiendo de la persona y la intensidad del traumatismo, A mayor concentración de líquido peor pronóstico ya que es más fácil que al no poder reabsorberse todo se acabe solidificando.

Tratamiento para el seroma de Morel-Lavallée:

El primer objetivo es reabsorber cuanto antes todo el líquido y evitar que quede cristalizado o solidificado.

Para ello es importante ver en qué estado se encuentra el líquido y aquí nos podemos apoyar en la ecografía y comprobar con la sonda si el líquido a la presión deforma bien o no.

Si deforma bien indica que el derrame es muy reciente el líquido está en estado líquido (valga la redundancia) y se puede aplicar hielo y cavitación con el objetivo de evaporar el líquido y que disminuya el hematoma. También se puede aplicar radiofrecuencia y ultrasonido.

Dependiendo de la aplicación de los destinitos tipos de ultrasonidos se combinará con vendaje de kinesiotape o no ya que en la aplicación de ultrasonidos hace falta gel conductor.

En casos muy severos se combinará con vendaje de comprensión.

El proceso puede durar días o semanas, pero el control ecográfico siempre ayuda a saber el estado del líquido y saber si se pueden seguir con las medidas de reabsorción o no.

En caso de que el líquido esté en estado semisólido o cristalizado, se puede optar por EPI, Epte o calor profundo con el objetivo de licuar el quiste que se ha endurecido y poder pasar a las medidas de reabsorción.

Si todo esto falla, en quirófano extraerán mediante drenajes el líquido.

Hay que tener precaución a la hora de realizar ejercicio, ya que, si existe alguna pequeña lesión de tejidos no cicatrizada, el líquido puede volver a salir y no se terminará nunca el proceso de reabsorción.

Por eso al menos en la primera semana se recomienda reposo relativo.